jueves, 30 de abril de 2015

Esta noche volveremos a la Plazuela con la Cruz



 Año 2006


 Año 2007


 Año 2009
Hace un par de años que la Hermandad de las Penas dejó de poner la Cruz de Mayo en la Plazuela del Carmen. Quizá por desidia o porque no encontrábamos apoyo entre los cofrades, grupos folclóricos (dejaron de pasarse a rondar la Cruz) y público en general. 
Lo que empezó como una costumbre en el balcón de la Casa Hermandad de la calle Calatrava, allá por el 2006, año en que gané las elecciones a Hermano Mayor de la Cofradía de las Penas, se convirtió en un acto muy atrayente para el público en general, quizá por los dulces y limoná  que se ofrecía (algunos se iban cenados y desayunados a su casa sin echar un donativo). Siempre ha habido gente para todo. 
Pues nada este año volvemos si cabe con más fuerza para trasnochar y recibir al mes de mayo como se merece, en Hermandad en el Carmen y con el recuerdo de Aquel que está en Santo Tomás.

Año 2010

Año 2011

Año 2012

viernes, 24 de abril de 2015

Mi análisis, algo tardío, de la Semana Santa.


Han pasado unas semanas desde que concluyó la Semana Santa. Días que he utilizado para serenar lo vivido, reunirme con mi Junta de gobierno, analizar cosas buenas y malas de nuestra Hermandad, volver a la rutina, poner en funcionamiento el chalet… bueno ya se sabe, volver al día a día tras la Cuaresma y Resurrección de Cristo.
En estos días como digo, he ido analizando lo visto, oído y vivido, así como escuchado, presenciado tertulias y opinar con amigos qué tal había resultado la Semana Santa. Estas impresiones que aquí os dejo son el resultado de unos momentos de reflexión personales. Es normal y muy posiblemente que esté equivocado o que haya personas que no compartan lo que voy a escribir, pero he pensado compartirla con vosotros, eso sí, sin afán de faltarle a nadie, por lo que os ruego sepáis perdonarme.

Mi sensación de la Semana Santa de hogaño es que estamos asistiendo a una progresiva paganización de lo que es una procesión o estación de penitencia. Las Cofradías, aun siendo entes vivos, pues están conformadas por personas, deben tener claro su origen y función, algo estanco y tradicional que debemos asumir y perpetuar. A saber.
1.- Origen: Las Cofradías devocionales como las de Semana Santa se fundan para venerar una Imagen, aceptando los dogmas y usos litúrgicos de la Iglesia Católica. Así mismo se dan unos estatutos para regir la vida interna de la asociación, siendo este el marco que regula todo lo concerniente a ella.
2.- Función: La razón principal de las Cofradías devocionales es dar culto y veneración a su Imagen mediante misas, reuniones y formación en su Parroquia. La procesión es otra actividad más, quizá la principal, pero no la única.

Dicho esto, debemos analizar aparte la realidad humana y social de nuestro entorno. La desacralización de la vida, la laicización de la sociedad no es ajena al cofrade. Esta dejadez en todos los aspectos de la vida, esta ausencia de valores en la sociedad, esta crisis económica brutal y deshumanizadora, este epicureísmo social en el que se valora la imagen, la estética y sobre todo lo bello y lo que nos es placentero, está calando en las Cofradías y evidencia la grave crisis religiosa de la sociedad y que es patente en el seno de nuestras asociaciones. Sin Dios no hay cofradías. Debería ser este el lema que tendríamos que grabar a fuego en los dinteles y jambas de nuestras Casas Hermandades. Por eso, debido a esta sociedad tan movible y cambiante, los dos pilares (origen y función) en que se fundamentan estas asociaciones han caído, dando prioridad a otros totalmente ajenos.


Creo firmemente que uno de los grandes males de la Semana Santa actual es la única contemplación de la belleza y de aquello que nos provoca placer sensorial. Todo ello nos hace perder la perspectiva real de las Cofradías. Nuestros sentidos se inundan de colores, de luces, de flores, de incienso, de terciopelos, de andar de los pasos y de melodías pegadizas y triunfales. Y la contemplación de lo Verdadero, ¿dónde queda? Con esto no quiero decir que no sea necesario lo anterior. Creo que la puesta en la calle de una Hermandad debe ser lo más decorosa posible, dignificando así la presencia de Cristo, pues lo feo y lo grotesco, tampoco posibilita  la su contemplación.

Otro mal que nos acucia es el postureo, el  amiguismo y el corbateo. Me explico. Ciudad Real es una ciudad con veinticuatro cofradías. Muchas de ellas son movidas por familias que toda la vida han estado ahí y se mantienen fieles. Pero ¡ay!, hay otros que se mueven entre las hermandades a ver cuál de ellas les baila más el agua. Ser fieles a una o dos hermandades, las tuyas de toda la vida, es algo materialmente imposible y un caso para ser estudiado por Cuarto Milenio. Esta tribu, dependiendo de qué amigos gobiernen una u otra Cofradía, participa o no en tal o cual Hermandad. Esta situación provoca el descenso de penitentes en según qué Hermandad y según las circunstancias “afectivas” que se hayan desarrollado durante el año transcurrido, se trasladan a la citada y mueven más o menos adláteres. Por tanto, este mal que provoca también la aparición del cofrade medallero o acerero, nos aporta indicios del escaso grado de compromiso con su Hermandad y la falta de cariño y devoción a sus Titulares. Por tanto postureo, generalmente aderezado con la consabida corbata.


Todas estas circunstancias desfiguran las manifestaciones externas de las Hermandades cuya solución es muy complicada sino se ataja desde la formación a los futuros cofrades y en particular las Junta de Gobierno que son las que deben gestionar todo este patrimonio de la fe.  Analizadas estas causas, podemos afirmar que  la crisis que nos aqueja puede traducirse en ciertos aspectos muy visibles que paso a enumerar y que deberían irse mejorando.

1. Se asiste a la pérdida del respeto que hay que mostrar a la túnica y a su decoro durante la procesión. Me refiero a destaparse durante el itinerario, a llevar las túnicas raídas, cortas y sin planchar, a llevar zapatillas de deporte o zapatos de otro tipo y color a la norma de la Hermadnad; a llevar hachones sin la bombilla correspondiente o cirios rotos, sucios y doblados por su mal almacenamiento…Tampoco quiero ser un talibán en este aspecto, pues a los cofrades no debemos llevarlos con una varilla y arreándoles. Estamos de acuerdo que hay que venir de casa tapados con el capillo, pero esa costumbre no es de nuestra tierra por lo que su implantación está siendo muy complicada. Por supuesto que es muy bonito y aporta seriedad a la Cofradía cuyos hermanos lo hacen, pero si se llega a la iglesia o guardapasos destapado, tampoco es síntoma de falta de seriedad. Claro, si antes nos vamos al bar y nos apretamos dos carajillos, la cosa cambia, ciertamente.  Y es que en los años 90, algún iluminado observó que en otros lugares de nuestra geografía patria, los nazarenos llegaban con su capillo puesto a los templos e impusieron a golpe de estatuto la citada costumbre. Nuestra Semana Santa no es una celebración nazarena. Nunca lo fue y por mucho que nos empeñemos no lo será nunca. Nuestra celebración siempre fue más popular, más de las mujeres que acompañaban son su silencio y oración a las Imágenes Sagradas. Por tanto, pretender que las filas de nazarenos de nuestras Cofradías estén muy pobladas será un trabajo muy difícil. No obstante es un trabajo ímprobo, pero que no debemos olvidar para el decoro de nuestras procesiones.

2. No estoy en contra de que los pasos vayan acompañados con música, siempre fue así. Pero con una música adecuada al paso de los costaleros y no introducir, siguiendo otras modas del sur de España, ritmos poco adecuados a lo que es una procesión. No se nos debe olvidar que un acto de este tipo es un acto piadoso, devocional y que es la Iglesia la que recorre las calles en ese momento. Mostramos un mensaje catequético, por eso una procesión no es una Nochevieja con pasos en la calle, o un carnaval con penitentes. Los pasos por tanto,  deben ser bien llevados, con música o sin música. Debe asemejarse al andar humano y no hacer excesos. La música debe ser un acompañamiento necesario, en algunas Hermandades, pero sus responsables deben conocer las piezas que sean más adecuadas a una procesión, pues hay algunas más acordes a una romería que a una procesión.

3. El espectáculo de los costaleros en nuestra ciudad está mostrando, en algunos casos, no en todos evidentemente, situaciones poco decorosas. Sabemos que la labor de este colectivo es muy importante, pero en algunos casos adquieren un protagonismo que no les corresponde. Si hay relevos, cosa que me parece normal y necesaria, se deben hacer en lugares donde haya poca gente. Debe hacerse en silencio y la cuadrilla que sale del paso no debe quedarse en las inmediaciones del paso  con el costal por la nariz y la camiseta de tirantes. Me hace mucha gracia ver cómo muchos pasos, amen de ir acompañados por nazarenos o agentes de seguridad del estado, van acompañados de las “sufridas” novias y/o mujeres, o parejas de hecho (como ahora están así las cosas, no quiero meter la pata), de los costaleros, llevando su botellita de agua y su sudadera o en si caso chaquetilla del chándal. Estas actitudes deben ser cortadas de raíz por las Juntas de Gobierno, porque lo que se hace es denostar y banalizar lo que realmente es una procesión.
 

4. Los papás y mamás que salen a darse un paseíto con sus niños. Hay padres y madres que quieren y disfrutan con que sus nenes salgan en la procesión de tal o cual Cofradía, sobre todo las que tienen un recorrido por la tarde. Le ponemos al niño o niña su túnica, los ponemos en su sitio en la Cofradía y allá que nos vamos nosotros, en mitad del cortejo de la cofradía, dándole al “sufrido nazareno”, un caramelito o un traguito de agua de la botellita de agua mineral, según se solicite. Esto desluce las procesiones y la banaliza. Si queremos que salgan los niños, que lo hagan. “Dejad que los niños se acerquen a mí”, pero leche, los niños. Para eso las Cofradías disponen de diputados, es decir, nazarenos que van pendientes de ellos. Los padres deben ir fuera del cortejo, en la acera o en distintos puntos donde lo deseen, pero no dentro de la procesión. Y es que se ponen de tertulia entre ellos, y a veces la jerigonza y la francachela se sobrepone al silencio que debe primar en un cortejo de nazarenos. Por cierto, enhorabuena a las Hermandades que llevan niños y son atendidos por los diputados. Sé que las hay y que no permiten a los benditos progenitores andar en mitad de la procesión.

5. Horarios e itinerarios excesivos. En Ciudad Real, como ya nos aconsejara nuestro señor Obispo, una procesión de más tres horas pierde su función y es excesiva. Puedo entender que las Cofradías que vienen de barrios lejanos, tengan un horario más extenso. Lógico. Pero las del centro, deben procurar no excederse, porque cansan a  sus hermanos, a los fieles que contemplan la procesión y se pierde la función catequética que deben tener. SI las procesiones son muy largas, nos encontramos con calles vacías de fieles, ¿qué hace entonces una Hermandad en la calle sin fieles? A mi modo de ver, creo que nada. Hay que racionalizar los itinerarios y los horarios, suprimiendo calles innecesarias, recortando itinerarios y estableciendo un tiempo de paso acorde al tipo de Cofradía. No puede ser que una Hermandad con dos pasos tarde en pasar hora y cuarto, o que una Hermandad con un paso y cuarenta nazarenos tarde el doble que otra con un paso y el doble de cofrades. Se multiplican entonces los parones y los cortes, perdiendo de otra vez ese decoro.

6. No debemos imponer costumbres ajenas a nuestra manera de entender la Semana Santa. Hemos importado usos y costumbres muy interesantes, pero ese desapego a las tradiciones, connatural, desgraciadamente, a nuestra manera de ser, no lo vamos a cambiar. A todo el mundo, no le gusta lo mismo, es decir, hay personas que no les gusta ver Hermandades con largas filas, pasos con costaleros…. Prefieren lo de toda la vida y no por ello eso debe ser mandado a la basura o tildado quasi como herejía. Otra cosa, como dije antes es el decoro que nunca debe olvidarse. Por tanto, debemos respetar el gusto de la gente, nos guste más o menos a los demás.


No todo va a ser análisis crítico. También hemos asistido a cosas muy positivas, cómo no. Pero este tema me obliga a hacer otra entrada, porque sino este artículo se puede convertir en un tostón de mucho cuidado.

Concluyo con una pregunta a modo de reflexión: ¿queremos recordar la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo o preferimos desnaturalizarla y servirnos de ella como reclamo turístico, económico y social o incluso como medio político para arañar votos? Esta reflexión nos compromete a los que moldeamos la Semana Santa y a los que dirigen la celebración cristiana y formativa. Evidentemente esta reflexión no supone nada a aquellos que se topan con las Cofradías una vez al año, pues volverán a aplaudir a una levantá o una saeta durante el transcurrir de una Hermandad de silencio, entre otras cosas. 
VALE.


 Fotografías "robadas" a mis amigos Miguel Barba y Magdaleno León de sus blogs el Incensario y Costaleros del Arte. También he cogido prestadas otras de:
www.ciudad-real.es y objetivocofradecr.blogspot.com. Gracias a todos por ello.

jueves, 23 de abril de 2015

El vino de Ciudad Real en la segunda parte de don Quijote


Este año andamos un tanto saturados con tanta efémeride y centenarios. Hoy, Día del Libro, celebramos el cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del "Ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha". No obstante, y en relación con Ciudad Real, hace cuatrocientos años era ésta un pueblo decadente, apartada de la calzada principal que cruazaba La Mancha, conocida únicamente por el buen vino que había en sus bodegas (hoy, 2015, no ha quedado ni una en pie), por lo que ni es nombrada en la primera parte de la novela.

En la segunda parte publicada en 1615, hay una única referencia a nuestra ciudad. Esta se encuentra en el capítulo XIII, buen número, vive Dios. En él se informa al lector, durante un jocoso diálogo entre Sancho Panza y el escudero del Caballero del Bosque, a la sazón, el bachiller Sansón Carrasco, vecino de don Alonso, del excelente vino que se producía en Ciudad Real.
Y como hoy es el Día del Libro, aprovechando el tricentésimo nonagésimo noveno aniversario de la muerte de don Miguel (el año que viene tendremos Año cervantino por cuadrigentésimo aniversario de su óbito, y cómo no, por "haber descubierto" algunos de sus venerables restos en las Trinitarias), transcribo parte del citado decimo tercer tranco para honra del genio de las letras españolas.

[...] Comió Sancho sin hacerse de rogar, y tragaba a escuras bocados de nudos de suelta, y dijo:
—Vuestra merced sí que es escudero fiel y legal, moliente y corriente, magnífico y grande, como lo muestra este banquete, que si no ha venido aquí por arte de encantamento, parécelo a lo menos, y no como yo, mezquino y malaventurado, que solo traigo en mis alforjas un poco de queso tan duro, que pueden descalabrar con ello a un gigante; a quien hacen compañía cuatro docenas de algarroba y otras tantas de avellanas y nueces, mercedes a la estrecheza de mi dueño y a la opinión que tiene y orden que guarda de que los caballeros andantes no se han de mantener y sustentar sino con frutas secas y con las yerbas del campo.
—Por mi fe, hermano —replicó el del Bosque—, que yo no tengo hecho el estómago a tagarninas, ni a piruétanos, ni a raíces de los montes. Allá se lo hayan con sus opiniones y leyes caballerescas nuestros amos, y coman lo que ellos mandaren; fiambreras traigo, y esta bota colgando del arzón de la silla, por sí o por no, y es tan devota mía y quiérola tanto, que pocos ratos se pasan sin que la dé mil besos y mil abrazos.
Y diciendo esto se la puso en las manos a Sancho, el cual, empinándola, puesta a la boca, estuvo mirando las estrellas un cuarto de hora, y en acabando de beber dejó caer la cabeza a un lado, y dando un gran suspiro dijo:
—¡Oh hideputa, bellaco, y cómo es católico!
—¿Veis ahí —dijo el del Bosque en oyendo el hideputa de Sancho— como habéis alabado este vino llamándole «hideputa»?
—Digo —respondió Sancho— que confieso que conozco que no es deshonra llamar «hijo de puta» a nadie cuando cae debajo del entendimiento de alabarle. Pero dígame, señor, por el siglo de lo que más quiere: ¿este vino es de Ciudad Real?
—¡Bravo mojón! —respondió el del Bosque—. En verdad que no es de otra parte y que tiene algunos años de ancianidad.
—¿A mí con eso? —dijo Sancho—. No toméis menos sino que se me fuera a mí por alto dar alcance a su conocimiento. ¿No será bueno, señor escudero, que tenga yo un instinto tan grande y tan natural en esto de conocer vinos, que, en dándome a oler cualquiera, acierto la patria, el linaje, el sabor y la dura y las vueltas que ha de dar, con todas las circunstancias al vino atañederas? Pero no hay de qué maravillarse, si tuve en mi linaje por parte de mi padre los dos más excelentes mojones que en luengos años conoció la Mancha, para prueba de lo cual les sucedió lo que ahora diré. Diéronles a los dos a probar del vino de una cuba, pidiéndoles su parecer del estado, cualidad, bondad o malicia del vino. El uno lo probó con la punta de la lengua; el otro no hizo más de llegarlo a las narices. El primero dijo que aquel vino sabía a hierro; el segundo dijo que más sabía a cordobán. El dueño dijo que la cuba estaba limpia y que el tal vino no tenía adobo alguno por donde hubiese tomado sabor de hierro ni de cordobán. Con todo eso, los dos famosos mojones se afirmaron en lo que habían dicho. Anduvo el tiempo, vendióse el vino, y al limpiar de la cuba hallaron en ella una llave pequeña, pendiente de una correa de cordobán. Porque vea vuestra merced si quien viene desta ralea podrá dar su parecer en semejantes causas.
 
 
Feliz día del Libro a todos y dejad ya el dichoso ordenador y poneos a leer un ratito el Quijote.

viernes, 17 de abril de 2015

Un manchego en la banda de San Juan Evangelista


La pasada Madrugada pudimos acompañar a mi hermano Javier en su estreno como músico en la banda de San Juan Evangelista de la Hermandad de la Esperanza de Triana. Un momentazo, sí señor.
Os dejamos unos videos de esta excelente banda y de la participación del "manchego" como allí lo llaman.


lunes, 13 de abril de 2015

I Congreso Nacional de Historia de Ciudad Real


Mañana 14 de abril se inicia el I Congreso Nacional de Historia de Ciudad Real y su provincia, organizado por el Instituto de Estudios Manchegos. En la sesión de tarde, a partir de las 16.00 horas en el Museo López Villaseñor, tendré el placer de realizar la comucación "La Cofradía del Santo Crucifijo de San Pedro como origen de la Semana Santa de Ciudad Real". Estáis todos invitados, si os apetece.