domingo, 6 de septiembre de 2015

Discurso del Pandorgo 2015






Excelentísimas autoridades, ilustre pueblo de esta muy noble y muy leal ciudad de Ciudad Real, paisanos de otras ciudades y pueblos de nuestra querida provincia y de La Mancha entera, forasteros que llegáis al reclamo de nuestra Pandorga desde cualquier parte de España y del Mundo. Amigos todos.
         ¡Con vuestra venia! Pido perdón por el atrevimiento que supone el llegar ante vosotros, que constituís el más ilustre Cabildo de la Ciudad, convocado una vez más en derredor de nuestra Excelsa Soberana del Prado. En esta tarde en la que todo huele, todo suena y toda sabe a Pandorga, no me cabe mayor honor y distingo presentarme como el Pandorgo de hogaño, título, símbolo y dignidad más alta al que puede aspirar un ciudadrealeño. Nací, crecí y vivo entre vosotros. Paseo por estas benditas calles y disfruto el día a día, el paso de las estaciones y de los meses en ella. No hay nada que más a gala lleve: ser de la “grand villa e bona” que fundara aquel Rey Sabio, el décimo de los Alfonsos de Castilla. Por eso, creo que tenía que ser Pandorgo. Por el amor a mi pueblo, a sus costumbres y a la Morena que nos espera en su Camarín. 


         Y cómo no. Desde este púlpito cívico, quiero agradecer a toda la ciudad entera por su amabilidad y por todo el cariño que durante estos días me han ofrecido. Y cómo no en este apartado de agradecimientos no puedo olvidar a mi esposa María del Mar, con quien comparto mi vida hace catorce años, sí justo hoy, pues nos hicimos novios una Pandorga y al fruto de nuestro matrimonio, Carmela. Ambas han sido quienes más me han animado a ser Pandorgo, así que va por ellas. Y cómo no a mi querida Cofradía, la de Jesús de las Penas, el Señor del Carmen, por ser la asociación de que ha tenido a bien presentar mi candidatura y a la Hermandad de Pandorgos, la aceptaron y me eligieron como tal.
         La Pandorga. Cuando se nombra esta palabra, ya sea en pleno invierno, a todos nos invade la alegría y una cierta añoranza. Es algo que los ciudadrealeños llevamos muy dentro y descontamos los días esperando una nueva Pandorga.
         Déjenme que les cuente una cosa. Don Miguel de Cervantes ya estuvo en la Pandorga. Sí, así fue. Y se preguntarán, ¿cómo lo sé? Muy sencillo. Porque la única referencia a Ciudad Real que aparece en todo el Quijote, y más concretamente en su segunda parte, de la que este año celebramos el cuarto centenario de su publicación. En el capítulo XIII se alaba los buenos vinos de nuestro pueblo. Sí. Así se lo hizo saber Sancho Panza al escudero del Caballero del Bosque: “Pero dígame, señor, por el siglo de lo que más quiere: ¿este vino es de Ciudad Real?”. Y es que don Miguel, ya sabía lo bueno de nuestros caldos y de nuestra fiesta, por lo que no pudo dejar de pasar la oportunidad de plasmarlo en la obra más universal de la literatura. Pues no podemos olvidar que la Pandorga es una fiesta popular que se ciñe en torno a dos ejes, la Virgen del Prado y el fruto de la tierra, el vino.


         Esta tarde, la última del mes de julio, cuando las horas del día menguan, algo nos reclama. Un pequeño duende, en lo más íntimo de cada uno de nosotros se remueve. El corazón se acelera y el alma grita impaciente por salir a nuestras calles, por atravesar corriendo como niños el Prado porque allí, en aquella basílica, la Reina de La Mancha, nos cita, nos espera como una madre espera a sus hijos el regreso a casa.
         Y así, cuando lleguemos ante Ella, cada uno de nosotros le contaremos nuestras penas, nuestras alegrías, nuestros desvelos y le daremos gracias, como lo hacían nuestros antepasados por los dones y bienes recibidos, que si ya no vienen todos de la tierra, salen de nuestro sudor y nuestro trabajo diario.
         Y llegará entonces, la Pandorga. Cuando todos los sentidos, al unísono revivirán la fiesta. Se verán a los mozos y las mozas bailar al son de la bandurria, el laúd y el pandero. Allí, bajo el ventanal de nuestra Virgen  oiremos, seguidillas, jotas y meloneras, el rascar de la botella y el golpeteo de la sartén. Porque eso es lo hoy tiene que sonar en toda la ciudad, lo nuestro, lo manchego, no otros ritmos tan alejados de nosotros.
         Y los sentidos seguirán disfrutando: oleremos el vino, el oro líquido de La Mancha y paladearemos la limoná y el puñao, que este que aquí os habla, tendrá el placer y el honor de convidaros y soñaremos otras Manchas y otros tiempos con el tacto de la falda recia de las mozas y el áspero pañuelo de yerbas al cuello. Porque la tradición es de todos y para todos, nace del pueblo, para el pueblo. Por eso, nuestros dirigentes deben amar, mantener y afianzar estas costumbres, no sólo cuando ocupan un cargo, sino cuando lo dejan. Hay que vestir el traje de nuestros abuelos, con cariño y sin vergüenza, aunque pasemos calor. Hoy exaltamos, no sólo nuestra ciudad, sino toda La Mancha, no en vano somos su capital. Por eso, todos debemos llevarlo y demostrarle a los paisanos y forasteros nuestro amor al legado de nuestros mayores, porque un pueblo que olvida su historia, está muerto.
         Queridos paisanos. Hoy es día de dejar la monotonía en casa. Olvidad las penas. Salid a la calle. Bailad, saltad, reíd, abrazaos. Es la Pandorga. Mañana será otro día. Seguro que habrá un futuro mejor, más brillante, con trabajo, con prosperidad, para que vosotros, ciudadrealeños podáis seguir viviendo aquí, en vuestra casa, con vuestra gente y no tengáis que marcharos fuera de esta maravillosa Ciudad de Reyes.


         Por eso la Pandorga es una fiesta de los sentidos. De los sentidos tangibles y de los que no se pueden medir. La Pandorga es alegría, emoción y nostalgia, porque como decía antes, si no nos acordamos de quienes nos enseñaron a quererla, a disfrutarla, no seríamos personas agradecidas. Por eso, al llegar el final de este discurso, quiero acordarme de dos personas que estarán preparando su pañuelo de yerbas en los palcos del cielo y que me enseñaron a amar y querer a esta Ciudad Real: mi abuela y mi padre. Esta Pandorga es también la vuestra.
         Sólo me resta para concluir, la aprobación final, la que reza en la  Segunda Parte del Ingenioso Caballero Don Quijote de la Mancha, de la que estamos celebrando el cuarto centenario de su publicación.

APROBACIÓN
Por comisión y mandato del Consejo he hecho ver el contenido de esta fiesta. No contiene cosa contra la fe ni buenas costumbres, antes bien muchas de honesta recreación y apacible divertimento, mezclada de mucha filosofía moral, que los antiguos juzgaron convenientes a sus repúblicas, alentando ánimos marchitos y espíritus melancólicos. Puede dársele licencia para su ejecución y disfrute.

¡Viva la Pandorga!
¡Viva la Virgen del Prado!
¡Viva La Mancha!
¡Viva Ciudad Real!


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