miércoles, 24 de julio de 2013

Elegía


Un mes que partiste hacia las moradas del Señor, así, inesperádamente. En aquella mañana calurosa de San Juan que presagiaba la canícula estival manchega, dejabas este mundo para reunirte con tus padres y con tanta gente que allí te estaba esperando. Pero aquí nos has dejado un vacío tan grande, tan abismal, que la vida es complicada de entender sin tu presencia y sin tus cosas.


Dejas un hueco difícil de llenar entre tus hijos, tus amigos, tu gente del fútbol, del Lanza, de la Hermandad de las Penas. Y es que un mes sin tu presencia ha sido duro, muy duro, sin entender tu partida y cómo el corazón puede sufrir tanto dolor.


Por eso, y ante el recuerdo de mi padre, quiero agradecer tantas y tantas muestras de cariño recibido por mi familia. Desde el día infausto no he vuelto a escribir, pero creo que hoy era necesario hacerlo para agradecer a todos los que os acordásteis de él durante el velatorio y entierro. Gracias a  mi familia y mis amigos, que son muchos y que en momentos como estos, uno sabe donde están, a mi primo Miguel, a mis compañeros de trabajo (en especial a Esther y al equipo directivo del IES Alonso Quijano, así como a la maravillosa gente del IES Atenea), a la gente de la Semana Santa (en especial a las Hermandades de la Coronación de Espinas, del Silencio, de la Stma. Virgen de la Misericordia y Virgen de las Angustias), a mis compañeros de Junta de Gobierno del Señor de las Penas, a mis compañeros de tertulia del Sanedrín y a tantas y tantas personas que han mostrado su pesar y nos han demostrado el cariño que Ciudad Real en general profesaba a mi padre. 
Seguro que desde su lugar en el Cielo estará satisfecho de este cariño y del buen legado que ha dejado en esta tierra.

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