lunes, 7 de mayo de 2012

La mano que mece la cuna

A veces en esta vida, da la impresión de que algunos tienen poquito de que preocuparse, con la cantidad de problemas que afloran en el devenir diario, que aún así, quieren ser juez y parte de todo aquello que debe darse resuelto sin más.


Pero a veces las sorpresas no dejan de sucederse y cada vez son más sorprendentes, cuando uno cree que se ha fiado, que se ha entregado y ha dado por ello que una historia llega a su final, siempre existe “esa mano” que con no se sabe que motivo aconseja, anima, alienta… como si dependiera de ello el triunfo sobre el rival.

Esa mano la podemos encontrar cada día en esas personas, que sin quererlo la necesitan, que anulan su personalidad, su elegancia y el testimonio fiel de los años que se dejan llevar, esas personas que sin quererlo dicen a todos lo que quieren oír, no son capaces de quedar mal con nadie y sin darse cuenta, venden a todos, utilizan a todos y al final, triste final, quedan mal con todos.

Pero la mano existe, la mano transforma y cambia, porque a la mano le gusta manejar y es capaz de anular el yo de quien la toma, aunque no solo reconoceré que hay manos que se deberían dejar sueltas porque el que la toma sabe la que se le ofrece y el que la da, sabe lo que quiere.

Mis décadas han hecho ver que no somos tan niños, y que hay muchas manos que anulan nuestra voluntad, pero lo cierto es que existen que como dice el refrán, algunos se toman el pie y se ciegan de confianza, aún sabiendo que solo nosotros somos dueños de nuestras decisiones y nada ni nadie debería hacérnosla cambiar, más aún cuando lo que se pretende en estos cambios es el confrontamiento, la rivalidad…

Ojalá y aparecieran estas manos, pero las de verdad, las que trabajan, las que luchan, las que se entregan, las que día a día dan el callo, las que no se reconocerán nunca, pero siempre están ahí para que podamos contar con ellas.

Hay manos ancianas y manos tiernas, manos inocentes sin pecado
 y manos que se lavan como Pilato cada día como si la vida siguiera igual.

5 comentarios:

lετïсïα dijo...

La pena de todo esto, Juan Carlos, es que hay manos que de tantos varapalos terminan tan encallecidas que dejan de confiar, de sentir, de intentar y terminan apeándose del tren. Y al final, la misma mano de siempre termina meciendo la cuna...

Paco Turrillo dijo...

Ahora vas y lo cascas. Luego que si La Plazuela del Carmen... aquí no se hablan más que verdades. Sí señor Juan Carlos, más razón que un santo.

La_Crivi dijo...

Pues si, la pena es que luego que si las cosas se estancan, que si no hay gente para trabajar...El problema es que no nos dejan. Hay quien no sabe vivir si no se encuentra moviendo hilos, si no tiene un poder donde poder figurar y creerse alguien...en fin, mejor dejo de escribir que luego se imprimen los comentarios y todo.

Paco Turrillo dijo...

COmo dijo un ministro español hace varios años: "manda huevos".

Paco Turrillo dijo...

Vuelvo a repetir para todo el que se sienta reflejado: en la Plazuela ecribimos lo que nos parece, nos apetece y nos gusta desenmascarar. No es el medio oficial de ninguna organización, entidad o grupo. Sino una ventana al mundo, un medio de comunicación del sr. Vela y mío. De nadie más. Así que ya sabéis, os agradecemos que entréis, pues somos conscientes que somos un referente cultural y baluarte de la crítica.