viernes, 27 de enero de 2012

Y eres ya una mujer (para la gente de Santo Tomás)


Cuando era un tierno infante, una especie de mariposa salida de su crisálida me invadía la noche de Reyes. La ilusión y el temor por si entraban los Reyes en la habitación se mezclaban con el deseo de abrir los regalos para, casi sin dormir, estallar en la alegría de la mañana más bonita del año. 

Uno se hizo mayor y aquellas mariposas quedaron aletargadas. Casi no despertaban. Sólo lo hacían en contadas ocasiones y casi siempre en la misma época del año. Las recuerdo en momentos imborrables, irrepetibles… Mar y Carmela. Las alegrías y sinsabores que forman parte íntima de la existencia de cada persona se acumulan como en un archivo y siempre sabemos dónde está el legajo para sacarlo,  hojearlo y recordar nuestra propia vida. Todo ello forma nuestro bagaje que es íntimo, propio, personal, alguna veces compartido y otras en el fondo más lejano de la realidad.

Los años nos moldean. El tiempo nos hace adultos y todo lo malo, lo cura. La experiencia pone a cada uno en su sitio cuando se utiliza algo esencial. El perdón es una cualidad difícil de cultivar, pero necesaria. Cuando se perdona se abre una puerta que uno no piensa que existe, pero está ahí y la alegría entra a raudales por invadiendo hasta el último rincón del espíritu. El que pensamos que era enemigo se aleja y casi ya no le ves y la paz te inunda y reconforta.

Hoy al escribir estas cosas en el blog, siento revolotear aquellas mariposas. Hoy para mí y tras meses de esforzado reencuentro personal es un nuevo 5 de enero. Mañana los Reyes Magos me traerán un regalo que el pasado día 6 fueron incapaces, aun siendo Magos, de llevar a mi casa. Mañana en forma de cornetas y tambores, de trompetas y trombones, de tubas y platillos recibiré ese regalo de día de Reyes.


Y es que mañana será un día grade, grande como los de antes, de cuando cuatro locos queríamos cambiar el mundo de las cornetas y los tambores. Un día de reencuentros, de recuerdos, de añoranzas de otros tiempos, en los que nos faltará alguien que se marchó al barrio que hay detrás de las estrellas.
Hoy y mañana no son días para recordar lo propio, sino para recordar lo que todos hicimos por una ilusión, la Agrupación Musical Santo Tomás de Villanueva. Recordemos el trabajo y de todos, de los años que llevamos luchando para que llegaran tardes como esta. Todo ello se hará realidad mañana como si fuera una tarde de día de Reyes. Todos los pensamientos, los trabajos, las ilusiones, las amistades que hice, que mantengo y que a buen seguro surgirán y que están escondidas tras ese banderín donde el águila sube a los cielos con compases de bulerías flamencas. Todo eso se meterá en una coctelera cuyo maravilloso cóctel, “Entre Rocío y Azahar” degustaremos mañana. Mis amigos, mis compañeros, con el cariño que se le tiene a las cosas bien hechas y con los deberes  rematados volverán a encogerme el corazón, volverán a emocionarme (y es que además soy de lágrima fácil) y harán que como siempre esté orgulloso de vosotros, de mi banda,  de la de todos los que fuimos,  de los que sois y de los que estarán, y entonces…


Te harás mujer,
moza de las guapas,
de las de sacarte a que te vean.
Lozana y embaucadora,
de caderas ágiles y bullangueras.
Si cuando eras niña te buscaba y protegía,
ahora, me enamoras a tu paso
Que eres manchega y señorona,
como Aquella que gobierna el Prado.
Valiente como la que dirige la barca,
de una Carmen embriagado,
de azahares abrileños
y sonidos de amor y llanto.
Y es que te quiero y te añoro,
que me dueles y te siento,
de mis días eres tesoro
y de mis penas, el remedio.
Te vas como una hija de su casa,
pero sé que siempre te tengo,
y que en el corazón te llevo,
hasta que el Jefe me llame,
a las puertas del Cielo.


Para todos vosotros, que sois cojonudos.

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