sábado, 17 de diciembre de 2011

Exposicion "Mi Credo" de don José Antonio Castro

 Ayer asistimos a una exposición nada usual, nada convencional. Ayer pudimos entender aquello que Bernardo de Claraval siempre quiso explicarnos en cuanto a la utilidad del arte: el arte como medio vehicular de mostrar la belleza de Dios. Ayer, en la Biblioteca Pública de Ciudad Real contemplamos unas pinturas desgarradas que mostraban el corazón abierto de su autor.  Nos referimos a la exposición titulada "mi credo" de don José Antonio Castro Torres. Nació en Moral de Calatrava (Ciudad Real) el 3 de septiembre de 1943.Comenzó su actividad como decorador especializado en Arte Sacro a partir de 1967, y un año después fue nombrado miembro asesor de la Comisión Diocesana de Arte Sacro del Obispado de Ciudad Real. Está graduado en Artes Aplicadas en la Especialidad de Decoración en la E.A.A. y Oficios Artísticos de Valencia, y licenciado en Bellas Artes en la Especialidad de Pintura en la Facultada de B.A. de San Fernando de Madrid.Actualmente se dedica a la enseñanza como profesor de Proyectos y Teoría de Interiorismo del Ciclo Superior de Proyectos y Dirección de Obras de Decoración en la Escuela de Artes de Ciudad Real, aunque también ha realizado múltiples exposiciones colectivas e individuales, obras de restauración, adaptación o remodelación de templos, vidrierista... entre otros.
 
Pero José Antonio Castro no es sólo eso. Es una buena persona que cuando se le necesitó estuvo ahí. Hace ya más de dos años, nos apoyó en nuestra demanda de sustitución de la Imagen del Cristo de las Penas. Analizó la talla y se presentó, como entendido y como asesor de la Comisión Diocesana en apoyo de nuestra Cofradía. Por eso, desde aquí nuestro agradecimiento.
Bellas pinturas cargadas de emoción, razón y espiritualidad os esperan en el vestíbulo de la Biblioteca. Me quedo con la siguiente reflexión de José Antonio: "En Dios. Pero no en esa palabra que se lanza prepotente y que hace daño. Ni el DIos que me ha hecho temblar tantas veces. En la palabra Dios, que se dice humildemente, con cariño. Conseguida en la madurez de una vida, no de una imposición. En ese Dios que no obliga al proselitismo, ni a la intimidación, ni a la intransigencia. En ese Dios de los pobres y de los hermanos y de los amigos y de las sonrisas y del rictus caido del sufrimiento. En el Dios cotidiano y compartido. En el Dios presente en mi familia, ganado día a dia en el dulce esfuerzo de la convivencia. En el Dios que me abre los ojos cada día y me llena de vida. En el Dios que me sorprende en mis creaciones". Yo también creo en ese Dios y en el amor que funde cuerpos e iguala almas, como se expresa en el siguiente cuadro.

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