martes, 29 de marzo de 2011

La Tradición perdida del Judas en España




Fue la fiesta del Judas de las más populares y de más arraigo dentro del ciclo festivo de primavera y seguramente hunde sus raíces en los ritos más antiguos que las primeras civilizaciones agrícolas celebraban en el año lunar, el equinoccio de marzo o, para ser más precisos, el día 20, fecha en la cual entra el Sol en Aries. La naturaleza resucitaba del letargo y muerte invernal y fueron frecuentes los ritos que incluyeron la quema de muñecos y peleles, simbolizando el mal y la muerte que desaparecían con el fuego purificador, para renacer a una nueva vida primaveral. En el Concilio de Nicea, año 325, recordando el calendario lunar, la iglesia decidió celebrar la Pascua de Resurrección el domingo siguiente al primer plenilunio después del equinoccio de primavera. 

Pronto recogió y bautizó, dando un significado cristiano, muchos de los ritos y tradiciones que en la antigüedad pagana había creado en la celebración del año lunar. Este fue probablemente el origen de la fiesta del Judas, discípulo traidor y símbolo del mal para los cristianos y personificación de todos los males cometidos por el pueblo durante el año. Con la quema de Judas desaparecían las rencillas, estafas, robos, envidias... Y se resucitaba a una nueva vida. Servía la fiesta par presentar y vivir de una forma sencilla el significado litúrgico de la Pascua: paso del pecado y la muerte a la gracia y a la vida. La fiesta arraigó en nuestras gentes y hasta principios de siglo se celebraba en la mayor parte de nuestros pueblos y en muchas ciudades. En todos aparece la figura central del Judas, un pelele que ante el regocijo general acababa en la hoguera. En muchos precedía a este acto un juicio grotesco en el que se recordaba la vida de Judas, según la leyenda que nos trasmitió en el siglo XII Jacobo de la Vorágine, todos los males por él cometidos y los que en el pueblo seguían perpetrándose.




La más pintoresca tradición miguelturreña es sin duda la celebración de "Los Judas" y asociado a ella, el canto de "Los Dómines".
Antonio Vallejo, investigador local, aunque no natural de la villa, sobre todo en asuntos de folclore y tradiciones populares; en la sección "Para saber más" relacionamos algunas de sus obras, describe perfectamente esta costumbre y sus peculiaridades en Miguelturra.


Perdura aún, recuperada, en Semana Santa, la antiquísima tradición de reconstruir, desde el punto de vista del pueblo llano, los episodios de la Pasión de Cristo relacionados con el personaje de Judas. Aunque originalmente estas "dramatizaciones" teatrales irián totalmente asociadas con la posición de los creyentes contra el apostol que vendió a Jesús, para el que la simple horca parecería poco, el tiempo fue con su cadencia transformando estos espectáculos justicieros, improvisados al margen de los ritos oficiales, y llenándolos de alegría cargada de creatividad popular y a menudo de grosería y peleas verbales, por ver quien tenía mayor ingenio del grupo, quien callaba a los demás participantes.

El Sábado Santo era el día elegido por los grupos, generalmente de mujeres, para dar rienda suelta a estos momentos expansivos. Construían muñecos con ropas viejas, rellenos de paja y con un "arcabuz" por cabeza. El muñeco era pícaramente adornado como dice literalmente Antonio Vallejo: "...los más frecuentes un gran collar de cascarones de huevo y, colgando de la bragueta, un pimiento rojo y seco, unido a dos cabezas de ajo, o bien un pájaro muerto".

El Judas era paseado atado a una silla por todo el pueblo, bendiciéndolo burlonamente en las esquinas con una brocha de enjalbegar cargada de agua y manteándolo de trecho en trecho, todo ello con gran alborozo, protegiéndolo de los muchachos que pretendían destrozarlo antes de hacer justicia y entre cantos de Dómines y tragos de vino.

La caída de la tarde era el momento en que se procedía, primero al ahorcamiento y después a desmembrarle, decapitarle, reventarle, ..., hasta que lo que quedaba del Judas era dufícil de adivinar. El ahorcamiento se organizaba atando, por su mitad, una cuerda al cuello del Judas y pasando después cada extremo de ella por ventanas o balcones enfrentados en una calle. El Judas que puesto así, quedaba colgado en medio de la vía, era subido y bajado con fuertes tirones de las puntas de la soga, hasta que roto caía al suelo y era destrozado por la chiquillería y resto de asistentes.

Los Dómines, que anteriormente hemos citado, son coplas picantes o de picadillo, sin rima alguna, compuestas por impulsos de ingenio popular, guardan generalmente una estructura de cuatro versos y son cantados como si los que los entonan fueran clérigos cantando Gregoriano.
Estas cuartetas, genuínas de Miguelturra y conocidas por toda la geografía nacional, por el eco que han tenido en muchos grupos folclóricos, especialmente en el local: Nazarín, son cantadas por un solista y a cada verso entonado, el grupo responde al unísono: Dómine.

Aquí en nuestra capital cuando era yo un crío, recuerdo como año tras año se colgaba un Judas desde una ventana en la Calle Norte en los aledaños a la Iglesia de Santiago Apóstol.

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