jueves, 20 de enero de 2011

Para San Sebastián, media horita cabal

El refranero popular no se equivoca nunca. Si la dichosa niebla nos dejara vislumbrar más el sol, asistiríamos a que el astro rey está más tiempo con nosotros cada día. De este modo, anochece un minuto después del día anterior. Precisamente, hoy ha amanecido a las 08: 31 y anochecerá a las 18:23. Por tanto, si nos vamos al día 22 de diciembre, el día más corto del año, según las fuentes, veremos como esa  media hora casi se cumple. Aquel día amaneció a las 08:24 y anocheció a las 17: 53. Ahí está el tema.


Pero hoy quiero que hagamos un ejercicio de imaginación. Se sabe que San Sebastián era un santo con mucha devocion en La Mancha porque es patrón de soldados y benefactor contra las plagas del campo.y la peste. De ahí que hubiera durante la Edad Media cofradías y hospitales con el nombre de este santo. 


Imaginémonos por un momento la vieja Villa Real allá por el siglo XV. Una ciudad amurallada y escasamente poblada. Una urbe que vive de la agricultura, ¡qué huertos tan hermosos se ven por entre las tapias de los que después será la calle Estación Vía Crucis y por la puerta de la Mata!.


Ajada por el tiempo, en la collación de Santa María, entre la Morería y la Plazuela de Belmonte hay una ermita-hospital muy recoleta.

 La Plazuela del Belmonte, días antes de ser derribada por la codiciosa piqueta

Es la de San Sebastián. Al fondo el Portillo del Barragán, por el que atraviesan los gañanes con sus mujeres para visitar al santo y pedirle que la cosecha venga con bien y no se la coman las plagas. Calle de los Reyes arriba y con la bendición de la Morena del luengo Prado vienen los hidalgos señorones a realizar su ofrenda. Y allí, dentro de la ermita, un cuadro con la efigie del santo envuelto en las primeras flores que van saliendo por el campo. Tonos amarillos, verdes y ocres envuelven al Santo Viejo Ofrendas devotas que  piden que es santo romano les libre de las pestes que un siglo ha asolaron la vieja Europa.

 Hospitalillo de la Pedrera

¡Ay, querido pueblo mío, cuántas cosas echamos de menos de tus pretéritas centurias! Tus hospitalillos, tus ermitas, tus grandes templos dominicos, tu Casa grande franciscanas... Nos arrebtaron tu encanto de nueva villa pueblerina para convertirte en la urbe impersonal y sin tradiciones en que te han convertido. Tu nueva cara a dado a luz a paisanos que no les duele tus vetustas andanzas. Tus ladrillos, asfaltos y grandes ventanales de lo que se quiso ser y no se pudo han parido un pueblo indolente y frío.


Al menos, disfrutad de estas bellas tardes que van presintiendo que en unos días Cristo estará caminando entre nosotros.

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