sábado, 25 de diciembre de 2010

"El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz"

El primer cántico navideño de la historia, con el que se fijó para todos los tiempos el sonido interior de la Navidad, no proviene de seres humanos. San Lucas nos lo transmite como el canto de los ángeles que fueron los evangelistas de la Nochebuena: Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad.Este cántico establece un criterio, nos ayuda a entender de qué trata la Navidad, contiene un término clave que mueve a los seres humanos como casi ningún otro: La PazEl 25 de diciembre era y sigue siendo en el calendario judío, la fiesta de las luces, nos recuerda que en ese día del año 165 a.C., Judas Macabeo quitó del Templo de Jerusalén el altar dedicado a Zeus que la tradición designaba como la abominación de la desolación en el lugar santo. En esa misma fecha, el rey sirio Antíoco, que se hacia venerar como Zeus, había hecho erigir la imagen idolátrica en el Templo y había convertido ese día en su festividad.Con judas Macabeo, esa fecha pasaba a ser el día de la purificación del templo, el día en que se reparaba el honor pisoteado de Dios y se iniciaba de nuevo la debida glorificación de Dios . Israel databa a partir de ese día su renacimiento.
Como la semana del 25 al 31 de diciembre era al mismo tiempo la semana previa al año nuevo, la restauración adquirió un significado aún más profundo: era una representación del nuevo comienzo de la creación, del esperado tiempo de la libertad. Por eso ya en el año 100 a.C. se esperaba el nacimiento del Niño Mesías para ese día. Pues del Mesías se esperaba que enseñara a los hombres cómo se puede dar correctamente Gloria a Dios y que, con ello diera inicio al nuevo tiempo de la libertad. Ya en tiempos de Jesús de celebraba la fiesta del 25 de Diciembre como "la fiesta de las luces", según la frase del profeta: "El pueblo que caminaba en tienieblas vio una gran luz" (Is 9.1).




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