domingo, 31 de octubre de 2010

Alejandro Simón entrevistado en los Remedios

Alejandro Simón elige a dos de nuestras Cofradías hermanas para la entrevista del periódico El Día de Ciudad Real, reproducimos integro los comentarios realizados por el que será Pregonero de la Semana Santa 2011, sin duda un honor para La Plazuela, por que te conocemos y sabemos que ante esta bella estampa hay más que sentimiento de un gran cofrade que tiene la Ciudad y como no, por la parte que nos toca desde esta "Tu Plazuela"
«Me preocupa el relevo de los costaleros de los años 80 y 90»
HOY. CIUDAD REAL
--Cuando recibió la noticia de su designación como pregonero de la Semana Santa de 2011, ¿qué se le pasó por la cabeza? ¿Lo esperaba?
—La verdad es que el presidente de la Asociación, Emilio Martín, ya me había comentado en alguna ocasión que había estado dentro de la nómina de los posibles elegidos para dar el pregón y siempre piensas que te puede llegar alguna vez porque has hecho varios pregones, pero nunca crees que vas a ser el elegido ese año. Me llenó de alegría porque, además, hacía muy poquito que había nacido mi hija y, dentro de esa alegría que ya tenía por el nacimiento, cuando me llamó Emilio y me dio la noticia, me alegró todavía más. Al principio te da un poco de miedo, te asusta un poco, pero ya van pasando las horas y lo asumo mejor.
—Algunos pregoneros dicen que en cuanto son elegidos empiezan a darle mentalmente forma al texto. Aún es pronto, pero ¿tiene alguna idea?
—Siempre que das pregones hay un momento en que te paras a pensar en cómo darías el pregón de Semana Santa de Ciudad Real. Entonces, ya tengo más o menos, si no el contenido, sí creo que ya tengo en mente la estructura de cómo lo quiero dar.
—¿Qué le gustaría contar?
—Lo que sí me gustaría es que todas las personas que vayan al pregón, sean de la hermandad que sean, cuando salgan sientan que su hermandad ha estado presente en el pregón. Porque normalmente los pregoneros hablamos más de nuestras hermandades porque tenemos más vivencias. Pero eso lo considero un poco injusto y quisiera que todas las hermandades estuvieran repartidas por igual en el pregón. Luego también quiero hablar no sólo de las hermandades, sino de la gente que las forma, que trabaja diariamente. Quiero que se sientan valorados por el pregonero. Aparte, tampoco soy un poeta ni un escritor y no soy de los que hablan de la luna que va dando en los varales del palio. No. Me gustaría hablar de cosas más cotidianas, de cosas que todo el mundo entienda y que el que esté sentado en el Quijano se sienta reflejado en lo que vaya diciendo.
—Ha tenido ya ocasión de pronunciar diversos pregones e incluso la Exaltación del 25 aniversario de la Misericordia. ¿Su pregón de Semana Santa seguirá la línea de sus anteriores disertaciones o añadirá elementos novedosos?
—Más o menos seguirá la misma línea. Primero haré una entrada para que la gente sepa de qué vamos a hablar y luego lo que suelo hacer es hablar un poco en prosa del tema que estoy tratando en ese momento y después acabo con una poesía. Normalmente a la gente que va al pregón le gusta esa forma y no la voy a cambiar.
—¿Cuál es su primer recuerdo de la Semana Santa en su infancia?
—El primer recuerdo que tengo y que guardo con mucho cariño es que la Hermandad de la Cena tenía el paso dentro de la iglesia de Santiago, cuando salían todavía los pasos de allí. Yo jugaba al fútbol en un equipo y uno de los que jugaban conmigo iba el Lunes, el Martes y el Miércoles Santo a limpiar con cera las imágenes de la Santa Cena. Era, digamos, un ‘enchufaíllo’ dentro de la hermandad. Necesitaban chavales que echaran una mano y, como me gustaba la Semana Santa, entré un Lunes Santo para hacerlo. Yo era un chiquitillo y verme con las imágenes tan grandes de la Santa Cena dándoles cera y limpiándolas con un trapito es el recuerdo más bonito que tengo de la niñez.
—Ha pertenecido a diversas cuadrillas de costaleros y ha sido también capataz. ¿Cómo ve lo que se conoce como “el mundo de abajo” en Ciudad Real y la evolución que ha experimentado en los últimos años?
—Hubo un famoso ‘boom’ a finales de los 80 y principios de los 90, pero no se tenían muchos conocimientos. Nos metíamos en los pasos porque nos gustaba, porque éramos amigos de otros o por devoción. Eso ha evolucionado en el sentido de que ahora se entiende, se sabe igualar, se sabe colocar a la gente por su altura, se le sabe dar al costalero una seguridad debajo del paso. Ya no vamos como burros todos ahí a cargar, sino que ya todo el mundo sabe la ropa que tiene que llevar puesta, los descansos... Ahora mismo el que se mete de costalero se mete sabiendo a lo que va y se tiene un cuidado con él. El problema que veo es el relevo a la gente de los 80 y 90 que hemos ido cogiendo diferentes hermandades y ya tenemos cierta edad. Eso me preocupa un poco. Creo que llegamos a llenar muchos pasos y ahora viene el problema de que hay muchos sitios para salir de costalero pero cada vez hay menos costaleros, o repetimos mucho. Pero, claro, ya nos vamos haciendo mayores y va a llegar un momento en que creo que va a haber más pasos que costaleros.
—¿Cómo explicaría a los que no entienden que uno decida ser costalero lo que se siente ahí debajo?
—Como solemos decir muchas veces, hay que ir debajo para saber lo que verdaderamente se siente. Es un poco la unión de la devoción que tienes hacia esa imagen, el compañerismo, porque también es muy bonito el mundillo del costalero, una marcha procesional que te emociona... y todo eso hace que de lo que menos te acuerdes sea del peso. Si alguien quiere saber lo que se siente, que se meta debajo porque es muy difícil de explicar.
—Como catequista que ha sido, ¿cree que las cofradías ejercen como deberían el enorme potencial catequético que tienen, sobre todo con los jóvenes, o se pierden demasiado en aspectos externos, como la procesión?
—Puede ser. Lo que pasa es que también hay que tener en cuenta que no todas las personas que llegan a una junta de gobierno tienen cualidades para ejercer, digamos, la catequesis dentro de la hermandad. Porque hay muchas veces que las hermandades están muriendo y necesitan gente joven que las levante. Esa gente a lo mejor está capacitada para montar un paso o un altar de cultos, pero lo tiene más difícil para atraer al cofrade al ambiente religioso. Creo que en eso debería haber más unión entre la Iglesia y las hermandades. Deberíamos llegar a un acuerdo para que nosotros fuésemos capaces de llevar al hermano a la iglesia, pero que también la Iglesia fuese capaz de abrir sus puertas a las hermandades. No es que no lo haga, pero debería haber quizá más entendimiento.
—En febrero nacía la tertulia cofrade “El codal de plata”, de la que usted es uno de los fundadores. ¿Qué proyectos tienen para el futuro?
—Lo que nosotros, que somos un grupo de amigos a los que nos gusta hablar de Semana Santa, queríamos era hacerlo más extensivo a los cofrades de Ciudad Real. Tuvimos la oportunidad de que nos abrieran el café bar Peatonal los jueves por la noche y decidimos hacerlo allí. En Navidad nos volveremos a juntar para ver qué otra actividad podemos hacer además de seguir los jueves con las tertulias.

informa
FERNANDO DOMÍNGUEZ


- DETALLE DE LA NOTICIA -
FOTO: JESÚS MONROY

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