domingo, 14 de marzo de 2010

El martes santo sin Tí, ya no sería santo, ni martes



Y qué decir de las Penas, que ya se habrán recogido… Ay, las Penas, las Penas… la sombra más grande de la primavera… el paso más leve a las puertas del Carmelo… Olores que arrullan hasta el mismo cielo… Jamás vi un Cristo tan bello, tan hermoso, tan elegante, tan fino, tan resueltamente acabado, tan moreno que pareciera gitano… Pero qué belleza, Madre… que hermosura sin fin… Hasta el incienso se sobrecoge y mece los pies y el madero… No hay ruido que valga ni rumor que rompa el viento… Sólo la música que sale del instrumento acaricia el racheo soberbio de este Jesús ceniciento… Hasta para llevar la Pena, hay que tener talento, cuidado, esmero y finura… Ay cómo llevan las Penas, ay que andar con cadenas… Un golpe sobre la tierra para la marcha y la frena… Que silencio de silbo, qué amarillo de tiempo. No sé si estás más guapo, de rojo, de morado o de blanco, pero sé que estás guapo, que la dignidad se lleva encima o no se lleva y que tu sacrificio y entrega no necesita de más ensayo… Jesús de las Penas salido del Carmelo… Vivo sin vivir en mí en una noche oscura del alma… Lo que diera por ser la Amada del Amado transformada… estando ya mi casa sosegada. El aire de la almena, el ventalle de los cedros… ay, Jesús de las Penas, quedéme y olvidéme, el rostro recliné sobre el amado, cesó todo y dejéme, dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado. El Martes Santo sin Ti ya no sería ni Santo ni Martes.

Así pregonaba en la noche de ayer Javier Ruiz Martinez a nuestra cofradia, a la cofradia del carmelo, a la cofradia de las Penas.

Ahí quedó

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