viernes, 5 de marzo de 2010

CUARTA PALABRA


CUARTA PALABRA

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

del evangelio según San Mateo:
“Desde el mediodía se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde. Hacia las tres de la tarde Jesús grito con fuerte voz: “Elí, eli, lemá sabactani” (que quiere decir: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?.

Después de pronunciar su “testamento” y entregar a su madre al discípulo amado, Jesús se queda desposeído de toda riqueza divina y humana; el hijo de Dios grita en su desolación y angustia del hombre que experimenta la dolorosa ausencia de Dios.
Su grito atraviesa las tinieblas, es la hora de la agonía en la que Cristo asume la desolación, el miedo, el terror de la muerte que anida en el corazón del hombre, con clamor y lagrimas oró al que podía librarlo de la muerte.
El llanto de todo el dolor de las generaciones humanas pasa a través del corazón de Cristo, asciende desde la tierra, penetra en el cielo y hiere el corazón del padre: ¿por qué me has abandonado?.

Dios no puede haberlo abandonado, porque él mismo es Dios y sin embargo cristo experimenta ese abandono, cae en el abismo donde las tinieblas son absolutas.
Dios no se deja oír, no interviene ante el grito desgarrador del hijo, a pesar de ello no es un dios ausente; es un padre que por amor entrega a su propio hijo para salvar a la humanidad.
Pero cristo se hunde en el silencio, en la hora más oscura de la historia, pero sabe que de su lamento nacerá una nueva luz, un nuevo día.
Desde el mediodía se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde… este es un espacio de tiempo en la jornada que nosotros tendremos que transcurrir siempre bajo la cruz, puesto que esa hora no ha acabado, sino que perdura y abraza toda nuestra existencia, nosotros seguimos siendo testigos de la agonía de Jesús, siempre presente en nuestras vidas.

Oh cristo, Jesús de las Penas,
sumo sacerdote nuestro
puente tendido entre el cielo y la tierra
con tu grito de compasión
que recoge el gemido de todas las cosas
nos muestras hasta donde nos lleva
el verdadero amor, de dar tu vida por nosotros
y te pedimos con clamor y lagrimas
Dios mío, dios mío no nos abandones
Amén

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