martes, 17 de marzo de 2009

XI Estación: JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ


Como Madre, ¿puedes contemplar esta escena sin desmayarte? Oigo los fuertes golpes y me encojo de miedo. Me tapo los oídos y miro hacia otro lado. ¿Te pasó lo mismo a ti?

No te perdiste ni un solo golpe del martillo, ningún escarnio. Conoces la angustia interior de tu Hijo, el aislamiento y la soledad que tuvo que soportar en medio de tan gran crueldad. No hay vuelta atrás. Está clavado sobre la cruz, y de nuevo te sientes abrumada al pensar que no puedes hacer otra cosa más que estar con Él.

Mi incapacidad para amar, hundida en el egoísmo, clava a tu Hijo en la cruz todos los días. Cuando insisto en hacer las cosas a mi manera, y sólo a mi manera, hundo más los clavos en mis heridas. Lo sé, y siempre reacciono de la misma manera, sin detenerme, sin meditar, orando para conocer la voluntad de Dios y hacer mis planes con este acontecimiento o aquella persona. ¡Perdóname! Dame fuerza para soportar los ”clavos” de mi vida como expiación por los clavos que soportó Él.


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