viernes, 13 de marzo de 2009

X Estación: EL DESPOJO DE SUS VESTIDURAS



¿Tejiste la túnica que le arrancaron de su cuerpo, lacerado y sangrante? ¿Recuerdas cuanto le gustaba su intimidad, tan pura, tan fuerte? . Es cierto, nunca vivió rodeado de lujos y comodidades, pero en este momento le quitaron lo único que le quedaba: su ropa. Quienes llevaban a cabo la ejecución no prestaban atención al honor de su victima, ni a ese consentimiento tan apreciado que es la intimidad humana. Ya nada podía pertenecerle: ni exterior, ni interiormente. Él se deja empobrecer para que nosotros seamos ricos, Nadie podría estar más rebajado o ser más pobre. Rodeado por una pobre multitud, siente que su humillación le escuece más que ninguna de sus heridas. Es cierto, que ellos - y nosotros - se burlaron de Jesús, pero nadie puede arrebatarle su grandeza. Nadie puede robarle su dignidad divina.

María, sabes con cuanta frecuencia se devalúa y se descuida la dignidad humana, e incluso llega a despreciarse en nuestro tiempo: la dignidad de la mujer, la dignidad de los niños no nacidos, la dignidad de los prisioneros, de los ancianos… Ayúdame a protegerlos siempre que tenga la oportunidad. Enséñame a defender el honor de los demás, pero a permanecer en silencio cuando alguien me prive del respeto y el reconocimiento que creo me pertenece.


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