viernes, 6 de marzo de 2009

VIII Estación: LAS MUJERES LLORANDO


En su propia e indescriptible agonía, Jesús escucha las quejas y lamentos de las mujeres que le siguen. Sienten dolorosa y profundamente el sufrimiento de tu Hijo, pero no pueden comprenderlo.
Conoces el corazón compasivo de tu Hijo ¿sabes que se detendrá a consolar a esas mujeres? Esa es tu forma de actuar, consuela a los demás y no piensa en sí mismo, pero al mismo tiempo les hace ser conscientes de que la verdadera razón para lamentarse es el pecado: los suyos, los míos, los de todos.

Tu amado Hijo se convirtió en modelo para ti en todo. Tú también consolaste a los afligidos. Tú también llevaste luz a quienes vivían en las tinieblas. A lo largo de los años, muchas personas te han pedido que les enseñes a amar tal como tú amaste. Enséñame a mí también.

Madre, he pasado de largo tantas veces sin ver ante el sufrimiento de mis hermanos… enséñame a distinguir que forma ha de adoptar mi compasión , consolar a los demás incluso en mis peores días.

Nosotros debemos de cambiar, cada uno aquí y ahora, permíteme aprender de ti en que consiste el verdadero consuelo, enséñame como lo haces tú; cómo yo puedo yo ayudar a otros a sentir el amos misericordioso de tu Hijo.


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