lunes, 23 de marzo de 2009

...pero los hombres no quisieron.


La pasada noche del sábado vivimos un momento sublime e inolvidable. Vivimos el Magno Pregón de nuestra Semana Santa declamado por un buen hombre, una persona íntegra que vive como un hombre normal la Semana Santa. Un hombre que no busca los entresijos del poder, un hombre que siente como un hombre la cercanía de Jesús y su Madre por las calles. Un sacerdote que cree, que siente lo que es: un ministro de Dios, sin tapujos y sin dobleces. Nadie dió tres cuartos al pregonero para pregonar la verdad, nadie indujo a don Juan Alberto a predicar lo cierto, pues la verdad está tan cerca...Jesús cada año, por la luna de Parasceve se hace carne sacramental en las calles, fuera de los templos, donde la gente lo busca, lo espera, lo ansía. Y esto que es una verdad suprema lo dejó muy claro nuestro amigo Juan Alberto Ramírez Avilés. ¡Qué pregón! ¿nos atreveremos a organizar otro pregón el año que viene? Mejor que no se haga y que nos pongan un video del pregón de Juan Alberto en el Quijano, porque como el de este año, dificilmente volveremos, no a escuchar, sino a vivir.

Os dejo el extracto del Pegón dedicado a nuestra Cofradía de las Penas:


"La Pasión que ocurrió una vez para redimir al mundo de la tiranía del pecado, tuvo como travesía la muerte del Hijo de Dios amado, su Paso doloroso de este mundo al Padre cada día sigue a nuestro lado. Hoy, en todo aquel inocente que sufre las consecuencias del mal, sigue el Señor corredimiendo completando en sus carnes lo que falta a este misterio una vez para siempre realizado. Y quiere El Amor llevar junto a Él alguien, que abrazado a su Cruz, sin respetos humanos ni tolerancias ciegas, siga su camino de veras, aunque le llamen calvario. Cireneos se llaman, portadores de una Cruz inmensa, que aún hoy - aunque quiten las cruces de hospitales y escuelas- sigue paseando por entre los hombres el Amor la Cruz con su cohorte de Penas.
Una campana en la noche suena…del Carmelo de las Teresas esta saliendo entre oboe, clarinete y madera... ¡puro viento!: La Hermandad de Las Penas… Treinta y cinco cervices llevan el peso -como un cireneo- de todas las Penas. Silencio fue su cortejo, porque el silencio es la compañía del que sufre solo las Penas. Hay para todo música, amistad, confidencia… pero para penar, sólo queda del silencio la presencia.
Y quisimos de jóvenes llenar de amor el mundo y cambiar la faz de la tierra, y quisimos poner amor donde solo se hacia la guerra, y quisimos dar pan y llenar todas las mesas, y formar una familia de esas cristianas y buenas, y quisimos cambiar el rostro del mal y la delincuencia y quisimos que ya nuestra Ciudad no tuviera arrabales oliendo a pobreza, y quisimos cambiar la imagen de una envejecida Iglesia y hacerla joven y viva alegre y del dolor costalera…cada vez que juntos nuestros amigos de esa cuadrilla cofrade y torera veíamos salir esa Cruz de las Penas, y oír cantar entre rejas la voz de las Teresas…soñábamos un nuevo rostro de Cristo para un mundo de Evangelio y sin Penas…pero…como Cristo dijo a Teresa quisimos nosotros más los hombres no quisieron… y quedo del muñidor su tintineo de reloj de arena, diciendo en la triste noche : ¡qué pena…qué pena…qué pena…!"



Y es que Juan Alberto en esas pequeñas líneas ha sabido plasmar lo que la Cofradía de las Penas ha vivido en este último año: pena y decepción; sinsabores y desengaños por parte de los hombres que rigen nuestra Diócesis. Queríamos un Cristo nuevo, sí, y nuestros sacerdotes nos animaron a ello, a que tuviéramos ya una Imagen en propiedad. Cuando la Cofradía votó el cambio de Cristo, pues los dueños de la Imagen antigua no quisieron donarla, nuestra jerarquía, sabedora del cambio se negó y después de un año de trabajo, de humillaciones y decepciones, el Obispado nos obligó a aceptar una donación obligada por el Obispado a sus dueños. Esto es la vida al revés. Además el decreto del Obispado anulaba las decisiones tomadas por los Cabildos Generales de la Hermandad ninguneando lo decidido por los hermanos de las Penas, que aún, hoy desean ver a su Cristo, al de Luis Fernando Ramírez Mata por nuestras calles y darle la devoción que sienten. Pero esta es la vida. Aceptemos con humildad la cruz que nos da el Señor y como decía Santa Teresa, las cosas del Señor tienen Cruz. 



A pesar de todo la Hermandad de las Penas volverá a hacerse Cofradía de Nazarenos y saldrá a la calle el próximo Martes Santo a las 21:30 desde las casas de esas benditas mujeres del Carmelo, de las Teresas de Ciudad Real, de nuestras hermanas mayores honorarias del Carmen. Y la Cofradía volverá a hacer catequesis y los hermanos unidos en indisoluble fila nazarena acompañarán al Señor de las Penas para meditar el Sermón de las Siete Palabras y la Cofradía no dejará huerfana a Ciudad Real de su Hermandad de las Penas.

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