viernes, 27 de febrero de 2009

VI Estación: LA VERÓNICA



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La mujer que sostiene el velo no molesta entre la multitud. Se abre paso a través del muro de la insensibilidad y la mediocridad que la rodea. Su valor es asombroso. María, incluso en tu angustia, ¿sintió tu corazón una ola de alegría al ver ese gesto de amor? ¿Fue como si tu personalidad hubiera ayudado? Aquí hay alguien que arriesgo su propia vida para ayudar a tu Hijo. Lo contemplas a distancia. Ves que aún hay alguien que está de parte de Jesús, y esto te consuela en tu profunda tristeza. Verónica no puede liberar a Jesús de su cruz, pero no se detiene allí. Sigue demostrando que le importa. Hace todo lo que puede, Jesús la mira y le hace saber lo valiosa que puede ser una ayuda aparentemente insignificante.

Madre, dame valor a mí también para ayudar con los medios de que dispongo, aunque sean triviales ante los ojos de los demás. La grandeza se demuestra en los pequeños detalles. Los pequeños servicios pueden ser señal de un amor genuino. Una palabra amable, una mirada amigable, un gesto: estos son los pequeños detalles que pueden transformar los corazones, salvar distancias, combatir la tristeza, transformar el egoísmo en un amor que se da cuenta de las necesidades del prójimo.

¡Como me gustaría ser Verónica y grabar el rostro de Jesús en mi memoria para siempre!



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