martes, 17 de febrero de 2009

III Estación. LE VES CAER


Las horas pasadas en el huerto, la audiencia, la flagelación… demasiado para tu Hijo. Camina más despacio. Sus manos no consiguen servirle de ayuda. Está al límite de sus fuerzas y tú presientes lo que va a ocurrir. Cae al suelo María nunca le habías visto así: tu joven y robusto hijo educado en el oficio de la carpintería, acostumbrado a cargar pesadas maderas que sus manos darían forma con firmeza ¿lo conseguirá ahora? Te preguntas. Sabes que no solo ha cargado sobre sus hombros esa tabla, sino mucho más. Es su amor misericordioso por nosotros, lo que le da fuerzas para mantenerse en pie, para cargar con mayor fuerza con su cruz y para llevarla más lejos. Recorrerá ese camino hasta el final por nosotros.

Sabes muy bien, con cuanta frecuencia caigo cada día, ¿cuánto temo y detesto mi cruz! Pienso a menudo que nunca tendré fuerzas para llevarla ni un solo instante más, menos aún toda una vida. Una y otra vez tropiezo y caigo por el peso de mis propias faltas.

Ayúdame a pensar en como levantar de nuevo mi cruz y verla de otra manera. Enséñame a tener paciencia conmigo mismo y con cualquiera que tropiece, que cometa errores, que caiga.




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