viernes, 13 de febrero de 2009

II Estación: TU HIJO TOMA LA CRUZ


Jesús carga con la cruz por nuestro amor, tú eres su madre, pero no puedes cambiar nada. Solo puedes acompañarle, estar cerca de él, aunque solo sea en la distancia y mostrarle, que igual que él, estás preparada para cumplir la voluntad del Padre. ¿ Estabas allí, cuando les dijo a aquellos desconocidos que llegaría la hora en que sería glorificado? ¿Le escuchaste, cuando les dijo, estoy profundamente angustiado? ¿Y qué voy a decir? ¿Pediré al Padre, que me libre de esta hora?


María, de alguna forma, él lo entendió, conocía el amor del padre, mejor que nadie antes que él. ¿Pero, lo comprendiste en ese momento? Después de Jesús, tú cargaste con la cruz más pesada que ningún hombro humano pudiera soportar nunca, porque sabías mejor que nadie que él, tu hijo, procedía de Dios y era el Hijo del Padre. Tu amor de madre te hizo capaz de soportar este increíble dolor en tu propia indefensión. ¡ Cuántas veces traté de hacerme las cosas más fáciles! María ¿querrías ayudarme a soportar mi cruz con la alegría interior que produce el amor comprometido?


Mi cruz es para mí y para nadie más. Es tan difícil aguantar hasta el final y soportar el largo camino. Al caminar aquí, junto a ti, que eres Madre, el camino empieza a tener sentido. Tu amor callado, unido a mis ansias, me ayuda a ver en mi cruz su rostro sufriente. Confío en que me enseñaras a descubrir el amor de Dios guiando mi vida. Sólo esperas de mí, que esté dispuesto a continuar el camino.



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