martes, 10 de febrero de 2009

I Estación: CONDENADO INJUSTAMENTE




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Tu hijo se presenta ante el tribunal. No es culpable, pero le condenan a muerte: a él, que solo hizo el bien, que curó a los enfermos y resucitó a los muertos, ¡que solo quería tu amor! . Tu eres su madre. Le conoces y no puedes entender que es lo que ha ocurrido, ¿Acaso no pueden verlo? .
Viviste los momentos en que Jesús fue azotado, insultado, traicionado. Buscas a sus amigos entre la multitud. No hay ninguno. ¿Le han abandonado todos? Estaban allí cuando le encadenaron, y luego salieron huyendo. Compruebas con tristeza que nadie le defiende. Y ël permanece en el silencio, pero a pesar de sus cadenas, es libre.
No puedes hacer nada por él, ni siquiera puedes ir hacia él. Pero en este momento estás más cerca de él que nunca. María eres su madre, nuestra madre. Sabes cuanto me asusta la opinión de los demás. Sabes con cuanta rapidez tiendo a juzgar a los demás sin conocer todos los detalles. También pienso cuando hay alguna injusticia. Me quedo en el borde del camino, donde no me afecta. Espero, indiferente, como si estuviera viendo una película. Confío en que otro tome la iniciativa. María, ¿qué harías tú en mi lugar si tuvieras la oportunidad? ¿puédes ayudarme a pensar, antes de acusar? ¿a recordar a Jesús en ese momento y no condenar a mi prójimo?.
Ayúdame a descubrir a Dios en los demás, igual que tú, ayúdame a encontrarme con el Dios de la vida, del amor y de la justicia.



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